¿Y qué nos dice de las disciplinas?

Lo mismo que del cilicio. Las usan algunos miembros célibes, generalmente una vez a la semana, durante un minuto o dos. Y no producen sangre, ni perjuicio para la salud, sino sólo una breve molestia. Lejos de lo que puede dar a entender la flagelación a dos manos del monje enajenado de El Código Da Vinci, las disciplinas reales son de algodón trenzado y pesan menos de cincuenta gramos. Cuando los miembros o los antiguos miembros del Opus Dei ven la película, no pueden evitar la risa al asistir a los ritos del monje: es de locos.

El cilicio es incómodo –si no lo fuera, no tendría razón de ser–,

¿Los miembros del Opus Dei usan el cilicio?
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Algunos miembros célibes del Opus Dei usan el cilicio. Se trata de una pequeña cadena de metal ligero, con puntas, que se lleva alrededor del muslo. El cilicio es incómodo –si no lo fuera, no tendría razón de ser–, pero de ningún modo entorpece las normales actividades de una persona, ni mucho menos conlleva derramamiento de sangre.

“Saberse vencer todos los días”

No es espíritu de penitencia hacer unos días grandes mortificaciones, y abandonarlas otros. Espíritu de penitencia significa saberse vencer todos los días, ofreciendo cosas –grandes y pequeñas– por amor y sin espectáculo. (Forja, 784)

Pero nos acecha un potente enemigo, que se opone a nuestro deseo de encarnar acabadamente la doctrina de Cristo: la soberbia, que crece cuando no intentamos descubrir, después de los fracasos y de las derrotas, la mano bienhechora y misericordiosa del Señor. Entonces el alma se llena de penumbras ‑de triste oscuridad‑, se cree perdida. Y la imaginación inventa obstáculos que no son reales, que desaparecerían si mirásemos sólo con un poquito de humildad. Con la soberbia y la imaginación, el alma se mete a veces en tortuosos calvarios; pero en esos calvarios no está Cristo, porque donde está el Señor se goza de paz y de alegría, aunque el alma esté en carne viva y rodeada de tinieblas.

Otro enemigo hipócrita de nuestra santificación: el pensar que esta batalla interior ha de dirigirse contra obstáculos extraordinarios, contra dragones que respiran fuego. Es otra manifestación del orgullo. Queremos luchar, pero estruendosamente, con clamores de trompetas y tremolar de estandartes.

Hemos de convencernos de que el mayor enemigo de la roca no es el pico o el hacha, ni el golpe de cualquier otro instrumento, por contundente que sea: es ese agua menuda, que se mete, gota a gota, entre las grietas de la peña, hasta arruinar su estructura. (Es Cristo que pasa, 77)

“Cuidar las cosas pequeñas”

Cuidar las cosas pequeñas supone una mortificación constante, camino para hacer más agradable la vida a los demás. (Surco, 991)

Pensando en aquellos de vosotros que, a la vuelta de los años, todavía se dedican a soñar –con sueños vanos y pueriles, como Tartarín de Tarascón– en la caza de leones por los pasillos de su casa, allí donde si acaso no hay más que ratas y poco más; pensando en ellos, insisto, os recuerdo la grandeza de la andadura a lo divino en el cumplimiento fiel de las obligaciones habituales de la jornada, con esas luchas que llenan de gozo al Señor, y que sólo El y cada uno de nosotros conocemos.

Convenceos de que ordinariamente no encontraréis lugar para hazañas deslumbrantes, entre otras razones, porque no suelen presentarse. En cambio, no os faltan ocasiones de demostrar a través de lo pequeño, de lo normal, el amor que tenéis a Jesucristo. (...)

Por lo tanto, tú y yo aprovecharemos hasta las más banales oportunidades que se presenten a nuestro alrededor, para santificarlas, para santificarnos y para santificar a los que con nosotros comparten los mismos afanes cotidianos, sintiendo en nuestras vidas el peso dulce y sugestivo de la corredención. (Amigos de Dios, nn. 8-9)

el tesoro de la obediencia

Le hacía el Señor decir a un alma, que tenía un superior inmediato iracundo y grosero: Muchas gracias, Dios mío, por este tesoro verdaderamente divino, porque ¿cuándo encontraré otro que a cada amabilidad me corresponda con un par de coces? (Camino, 190).

El Opus Dei y la mortificación corporal

El Código Da Vinci ha despertado la atención del público sobre la costumbre católica de la mortificación corporal. Michael Barrett, sacerdote del Opus Dei, responde a algunas preguntas.


Dice Michael Barret (en la foto): "El Opus Dei enfatiza los pequeños sacrificios, más que los grandes: seguir trabajando cuando uno está cansado, ser puntual, prescindir de algo que a uno le gusta en la comida".

¿Es exacta la imagen que presenta El Código Da Vinci de la mortificación corporal?

Las descripciones sangrientas de la mortificación corporal que hay en El Código Da Vinci son exageraciones grotescas que no tienen nada que ver con la realidad. Evidentemente, la película busca impresionar, y el uso real que normalmente se hace del cilicio y las disciplinas hubiera resultado demasiado banal. La molestia que causan estos instrumentos es poca cosa: se puede comparar, por ejemplo, a la que comporta el ayuno. No producen sangre, ni heridas, ni nada que dañe a la salud personal o que resulte traumático. Si provocaran daño, la Iglesia no los permitiría.¿Los miembros del Opus Dei usan el cilicio?Algunos miembros célibes del Opus Dei usan el cilicio. Se trata de una pequeña cadena de metal ligero, con puntas, que se lleva alrededor del muslo. El cilicio es incómodo –si no lo fuera, no tendría razón de ser–, pero de ningún modo entorpece las normales actividades de una persona, ni mucho menos conlleva derramamiento de sangre.

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La mortificación

Dan Brown presenta en su libro una parodia de la mortificación corporal. Los cristianos no encuentran en el dolor un placer especial. El masoquismo es contrario a la doctrina de Jesús.

La Iglesia Católica siempre ha sostenido que el sacrificio tiene que estar presente en la vida del cristiano, como lo estuvo en la vida de Cristo. El camino de la perfección pasa por la cruz. No hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual (cf 2 Tm 4).

La mortificación más habitual a la que se enfrentan los cristianos son las contrariedades de cada día: escuchar con paciencia a los hijos, terminar bien un trabajo cuando se está cansado, procurar no distraerse en Misa, no gastar dinero en provecho propio y darlo como limosna a los necesitados, etcétera. Esa es la principal mortificación en la Iglesia, y también en el Opus Dei.

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“El espíritu de mortificación”

El espíritu de mortificación, más que como una manifestación de Amor, brota como una de sus consecuencias. Si fallas en esas pequeñas pruebas, reconócelo, flaquea tu amor al Amor. (Surco, 981)

Penitencia, para los padres y, en general, para los que tienen una misión de gobierno o educativa, es corregir cuando hay que hacerlo, de acuerdo con la naturaleza del error y con las condiciones del que necesita esa ayuda, por encima de subjetivismos necios y sentimentales.

El espíritu de penitencia lleva a no apegarse desordenadamente a ese boceto monumental de los proyectos futuros, en el que ya hemos previsto cuáles serán nuestros trazos y pinceladas maestras. ¡Qué alegría damos a Dios cuando sabemos renunciar a nuestros garabatos y brochazos de maestrillo, y permitimos que sea El quien añada los rasgos y colores que más le plazcan! (Amigos de Dios, 138)

Agradable a los hojos de Dios

No desaproveches la ocasión de rendir tu juicio propio. -Cuesta..., pero qué agradable es a los ojos de Dios!

(Camino, 177)

"la única forma de acercarnos a Jesucristo es a través de los sacrificios"

Me gustaría que me diera una definición lo más exacta posible de mortificación. He pensado que al ser usted numerario del Opus Dei y al haber tenido esa experiencia me lo podría explicar mucho mejor. Me gustaría que me contestara lo antes posible ya que lo necesito para un trabajo que estoy realizando hoy.
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Efectivamente, he tenido esa experiencia, pero no he sido el único. Muchos santos en la Iglesia -esto no quiere decir que yo lo sea, sino que aspiro a serlo-, se han encontrado con Jesús a través de la mortificaión.

Por ejemplo, San Juan de la Cruz se dió cuenta de que, cuando uno se acerca a los sacrificios, se acerca a la Cruz de Cristo y está más cerca de Él. Según él: la única forma de acercarnos a Jesucristo es a través de los sacrificios. Esto lo explica muy bien en sus libros, sobre todo en "Subida al monte carmelo". También habla de ello en Noche oscura, y en algunas de sus Poesías.

Hay un pequeño blog llamado Opus Dei: mortificación, que tiene una entrada en la que trata el polémico tema Cilicio y disciplinas

También puedes encontrar más información sobre este tema en otras preguntas del blog:

Silas, el masoquista, y la mortificación corporal cristiana
Sentido de la mortificación y el sacrificio
¿Por qué buscar el dolor?
Sentido del sacrificio
Mortificación en el Opus Dei: pinchos y látigos